"Porque cuando crees que las cosas no pueden ser de otra manera, coge la vida y te sorprende de nuevo"

domingo, 16 de septiembre de 2012

Microrrelato



Salió del agua exhausta. El ejercicio la había dejado sin aliento ni fuerzas. Alzó la vista para encontrarse con su amado, pero era demasiado tarde. Había permanecido en el agua demasiado tiempo y ahora, no encontraba su sombrilla.

domingo, 3 de junio de 2012

Conversación con mis yos


YO PRESENTE: Ya te vale, podrías haber pensado un poquito en mí.
YO DEL PASADO: ¿Qué? ¿Por qué?
YO PRESENTE: Porque no has pasado ni un puto apunte a limpio.
YO DEL PASADO: Ah, ¿pero tenía que hacerlo?
YO PRESENTE: Hombre… Ahora las estoy pasando canutas con los exámenes de junio a la vuelta de la esquina, y están todos los apuntes en diapositivas o en folios desperdigados por los cajones, carpetas diversas… Todo muy caótico.
YO DEL PASADO: Uf… Pero yo qué sabía, pensé que sería mejor mirarlo con los exámenes cerca, así de paso que pasas a limpio y ordenas, los miras y estudias mucho más entretenida que solo leer y leer, ¿no?
YO PRESENTE: Pues pensaste mal. No me va a dar tiempo.
YO DEL PASADO: Bueno, no te agobies.
YO PRESENTE: Tú qué vas a decir, si a ti ya no te afecta. Has vivido genial todo el curso, ¿no?
YO DEL PASADO: ¿Genial? Anda que no me he hartado yo de ir a clase y cogerte esos “caóticos” apuntes, de quedar y luchar para hacer trabajos en grupos, de hacer ejercicios para los profesores, ir a tutorías…
YO PRESENTE: Sí, bueno, algo de eso recuerdo. Pero tengo que pensar en el ahora, ¿entiendes? Que tengo los exámenes de aquí a nada.
YO DEL PASADO: Mira, yo que tú le dejaba el asunto a la “yo de septiembre”.
YO PRESENTE: Qué egoísta eres.
YO DEL PASADO: Y como tú no, le tendrás los apuntes bien preparaditos y ordenados para entonces.
YO PRESENTE: Uy, quita, eso se lo dejo a la yo de agosto.
YO DEL PASADO: Pues vaya veranito que le espera.
YO PRESENTE: Gracias a ti.
YO DEL PASADO: Claro, y a ti no. Estudia, en vez de tanta conversación contigo misma. ¿No tienes amigos?
YO PRESENTE: Están estudiando.
YO DEL PASADO: Qué triste…
YO PRESENTE: Hm.

sábado, 25 de febrero de 2012

Jacky

Respuesta a "por qué a veces noto que mis camisetas están misteriosamente calentitas".


miércoles, 11 de enero de 2012

Conversaciones

Dos niñas de unos ocho años jugando en la calle:
- Oye, ¿cómo es... zuñigo o zuñigó?
- ¿El qué?
- Cuando se dice -grita eufórica- ¡Zuñigóóóóóó!
- No. Es 'every go!'.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

"Tablón de Facebook" en plena calle

Hoy, andando por la calle, me he encontrado esta carta pegada en una cabina de teléfono (sí, todavía hay).

Ha sido bastante curioso ver un mensaje tan personal pegado en plena calle a la vista de todo paseante, aunque supongo que esa era la meta del autor.

No se entiende exactamente qué es lo que ha pasado, pero mi imaginación juega fácilmente formándose mil y una posibilidades de quiénes serán los protagonistas de esta historia. O igual, solo es un teaser y he caído de la manera más inocente, o una simple tomadura de pelo.

En cualquier caso, me ha llevado a reflexionar en que quizás ha llegado la hora de abandonar las redes sociales y volver a la calle. Dejar mensajes privados que solo entenderán los implicados sin ningún pudor a que ojos extraños puedan leer y conocer los sentiemientos de desconocidos. Igual así volvemos a pasear solos o en compañía, y leer los "tablones" que nuestra ciudad nos brinde.

Contaba en una entrevista Albert Espinosa (escritor, guionista y bellísima persona) que conoció a una mujer que ya había inventado el "Facebook" hace muchos años. Ella y su marido, antes de dormir, escribían en un cuaderno que compartían un pensamiento o idea surgido en el día, manteniendo un diálogo por escrito perpetuo. Posiblemente no existiera la opción de "me gusta", pero siempre se podría escribir de puño y letra.

Personalmente "me gusta" encontrarme este tipo de cosas. A lo mejor un día de estos escribo yo también una carta dirigida a cualquiera de vosotros, os la encontraréis en plena calle y tendréis que pararos a leerla.

Ni sms de móvil ni Facebook ni leches. Cartas en la calle.

domingo, 18 de septiembre de 2011

La manualidad

Lo mejor para estar entretenida y no pensar mucho es concentrarse en algún objetivo, aunque este sea pequeño o poco importante.

En mi caso, este verano me he enfrascado en una manualidad que llevaba tiempo rumiándomela: pintar mi tablón de anuncios.

El resultado final me ha gustado, y el proceso, aunque largo debido a mi ya conocida pereza, ha sido de lo más gratificante para mi mente. Ahora deberé pensar en la próxima manualidad.

viernes, 15 de julio de 2011

Jueves 14 de julio de 2011

Un perro ha muerto (Pablo Neruda)

Mi perro ha muerto.
Lo enterré en el jardín
junto a una vieja máquina oxidada.

Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.

Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz fría.

Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.

Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero
que para mí jamás fue un servidor.
Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independiente
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba sobre mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.

No, mi perro me miraba dándome la atención necesaria
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada.

Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas del mar,
en el Invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasando de pájaros glaciales
y mi perro brincando, hirsuto,
lleno de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.
alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más,
con el absolutismo de la naturaleza descarada.
No hay adiós a mi perro que se ha muerto.

Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.
Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.